EDUCACIÓN
EDUCACIÓN
Nace en algunos colegios de la red la tradición de organizar adoraciones al Santísimo, acompañada de una Hora Santa. Una herencia educativa que nace de la formación católica que reciben en el colegio. La dirección, la capellanía y el área de pastoral, animan y acompañan en la organización de estos encuentros.
Autoría: Inma de Juan
10 de diciembre de 2025
6 min de lectura

Adorar es ponerse conscientemente ante Dios reconociendo quién es Él y quiénes somos nosotros. Es un acto de humildad profunda, pero también de confianza: entregarle el corazón a quien lo ha creado. Por eso, en toda la tradición cristiana, solo Dios es adorado. Ni los santos ni las realidades sagradas reciben adoración —solo veneración—, porque únicamente Dios es el origen de la vida, el Señor del tiempo, el que sostiene el mundo y el que se hace presente, real y misteriosamente, en la Eucaristía.
En la adoración eucarística, el cristiano no se dirige a un símbolo, sino a Jesucristo vivo, que se nos da bajo las apariencias de pan. Esta presencia real es la razón por la que la Iglesia ha cultivado durante siglos gestos concretos que expresan fe, amor y reverencia: la genuflexión ante el Sagrario, el silencio respetuoso en la capilla, el incienso que sube como oración, el canto pausado, el recogimiento del cuerpo, la mirada fija en la Hostia expuesta. Son pequeñas actitudes que hablan un lenguaje universal: el de un corazón que reconoce a su Señor.
En un colegio, donde el ritmo diario es dinámico, ruidoso y lleno de actividad, enseñar a adorar puede parecer un desafío… pero es también una oportunidad extraordinaria. Los niños y jóvenes tienen una capacidad natural de asombro, y la adoración les ofrece un espacio donde descubrir que Dios no es solo una idea, sino una presencia. Guiarlos a guardar silencio, a hacer bien la genuflexión, a expresar con su postura la fe del corazón, a mirar a Jesús y hablarle con sencillez, es educarlos en un modo de relación que les acompañará toda la vida.
La adoración en los colegios de la Red Arenales —en capillas que son verdaderos “corazones” dentro de cada centro educativo— se convierte así en un aula distinta: un lugar donde no se aprende con cuadernos, sino con el alma; donde los alumnos descubren el valor de detenerse, escuchar y ponerse en manos de Dios. Educar en la adoración es educar en la fe, en la gratitud, en el silencio, en la paz… y, sobre todo, en el amor.

Recogimiento y oración… son algunos de los aspectos que definen los encuentros que hay en algunas escuelas de la Red. En el colegio Reinado, en Madrid, durante el curso escolar, alumnos y antiguos alumnos, junto a las madres celadoras y el sacerdote del centro, se reúnen en el oratorio para adorar al Santísimo.
Espacios de oración en los que se tiene muy presente a las personas de la comunidad educativa que ya no están y se pide por aquellas que lo puedan necesitar. La música, es otro de los componentes que acompaña a estos momentos de contemplación, permitiendo «rezar dos veces» como decía San Agustín.
Estos tiempos de oración, que se organizan entre los miembros del Reinado el tercer viernes de cada mes, permiten abrir las puertas del colegio a su alumnos para acompañar al Señor durante la Jornada educativa y reunir de nuevo en el centro a los Alumni. Encuentros que representan la herencia formativa que se imparte a los alumnos en el centro, desde pequeños, y que sigue viva cuando llegan a la edad adulta.
Todo ello gracias a la atención y organización de las hermanas Celadoras del Reino de Corazón de Jesus. Atendiendo a las palabras que la Madre Amadora, fundadora de la Congregación, comentaba «Antes de hablar de Dios a las almas, hemos de hablar de las almas a Dios».
Reservar un momento de oración en el que se tiene muy presente a los miembros de la comunidad educativa que ya no están y a aquellos que lo pueden necesitar.
El colegio Santa Mónica abrió el curso con una Hora Santa: un momento de encuentro, música y oración para poner en manos de Dios todo lo que está por venir. Una ocasión para comenzar el año con fuerza, alegría e ilusión, y para pedir que este curso sea un camino de aprendizaje, amistad y crecimiento compartido.
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Cada primer viernes de mes, el colegio La Merced, (al igual que en otros muchos colegios de la Red, como Carabanchel, Arroyomolinos o Alborada), abre un tiempo de silencio, oración y recogimiento a la luz del Santísimo. Un momento especial para encontrarse con Dios y con uno mismo en medio del ajetreo escolar.
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Una adoración organizada por el AMPA del colegio y animada por el grupo Hakuna de San Vicente Paúl. Aunque el oratorio se llenó —con muchos niños, familias y profesores— reinó un clima profundo de recogimiento. Entre canción y canción se hacía un silencio casi sepulcral, de esos que no se fuerzan, sino que nacen de la presencia de Dios.
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