EDUCACIÓN
EDUCACIÓN
La fiesta de Nuestra Señora de la Merced reunió a la comunidad educativa de Miguelturra en una jornada de oración y convivencia. Una ocasión para reconocer la historia del colegio y renovar el compromiso que le da sentido: educar desde la fe, con esperanza y atención a cada persona.
El colegio Arenales La Merced celebró el 24 de septiembre la festividad de su patrona. La ofrenda floral del día anterior dio paso a una jornada que comenzó con la Eucaristía, en la que participaron alumnos de Primaria y Secundaria y sus familias. Después llegaron los juegos populares, las actividades deportivas y los castillos hinchables, con la colaboración del AMPA. El profesorado compartió también una comida de hermandad con las Madres Mercedarias.
La celebración plantea algo que merece atención: qué significa dedicar un día del curso a recordar, agradecer y estar juntos. En un colegio, donde tantas cosas se organizan en torno a objetivos, horarios y resultados, hacer espacio para la fiesta también expresa qué se considera importante.
Autoría: Inma de Juan
25 de septiembre de 2026
4 min de lectura

La trayectoria de La Merced está vinculada a las Madres Mercedarias y a su trabajo educativo en Miguelturra. En 2018, las religiosas sumaron sus esfuerzos a la Fundación Arenales para dar continuidad y renovar el proyecto del centro. La incorporación a la red abrió una nueva etapa en una historia que ya estaba al servicio de las familias de la localidad.
Celebrar a la patrona permite volver sobre esa historia y preguntarse cómo continuarla. Cada generación recibe una tarea: cuidar lo que otros han construido y encontrar la manera de responder a las necesidades de su tiempo.
La presencia de las Madres Mercedarias en la celebración hace visible esa continuidad. Su relación con el colegio recuerda que un proyecto educativo se sostiene gracias a personas que dedican tiempo, trabajo y confianza a la formación de otras.
La advocación de Nuestra Señora de la Merced remite a san Pedro Nolasco y a una orden nacida para liberar cautivos. En sus raíces hay una forma concreta de entender la fe: reconocer el sufrimiento de otra persona y comprometerse con su libertad. El colegio recuerda esta tradición al celebrar a su patrona.
Esa herencia tiene profundidad educativa. Invita a preguntarse qué necesita cada alumno para crecer, qué dificultades encuentra y cómo acompañarlo para que pueda asumir su propia vida con responsabilidad. Exige aprender a mirar más allá de una nota, de una conducta o de una primera impresión.
Desde ahí, la misericordia adquiere un sentido muy práctico: escuchar antes de juzgar, corregir con respeto, ofrecer ayuda y dar oportunidades para empezar de nuevo. Son decisiones cotidianas en las que la identidad cristiana de un colegio se vuelve reconocible.
Una comunidad necesita ocasiones para reconocer lo que comparte. La fiesta permite detenerse, agradecer el trabajo de los demás y dedicar tiempo a relaciones que el ritmo habitual puede dejar en segundo plano.
También hay un aprendizaje en disfrutar juntos. En el patio se aprende a contar con otros, a respetar unas reglas y a procurar que todos tengan sitio. La colaboración de las familias y del AMPA muestra, además, que la vida del colegio se construye con aportaciones distintas.
La oración y la convivencia encuentran así su lugar en una misma jornada. La fe se integra con naturalidad en la experiencia de aprender, trabajar y celebrar. Esa es también la intención que el centro expresa en su proyecto educativo: que el espíritu cristiano esté presente en la vida diaria, en un clima de libertad.
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Celebrar a la patrona en septiembre ofrece una perspectiva para el curso que comienza. Habrá aprendizajes que cuesten, problemas de convivencia y situaciones que pidan paciencia. Educar exige confiar en las posibilidades de cada alumno y sostener esa confianza cuando los avances tardan en llegar.
La esperanza cristiana tiene mucho que aportar a esa tarea. Impulsa a seguir acompañando, a buscar caminos y a reconocer que nadie queda definido por sus dificultades o sus errores.
La fiesta de Nuestra Señora de la Merced puede renovar ese compromiso compartido. Lo que se celebra un día encuentra continuidad durante el curso: en la atención a un alumno, en la colaboración con una familia y en el esfuerzo por hacer del colegio un lugar donde cada persona pueda crecer.
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